Entrevista a Naviru Shorno

 

¡Hola a todos/as! Hoy os traemos de nuevo una entrevista a un escribir polifacético. Autor de cuatro novelas (“Como un cielo sin estrellas”, “Cuando lluevan elefantes”, “No soy un zombie: La masía Colometa (vol.1)” y “Las sirenas no existen”), Naviru Shorno (Barcelona, 1984), nos regala en cada uno de sus libros, además de historias muy originales, un sello propio que ha creado con su escritura.

Naviru, ¿qué vamos a encontrar en tus novelas?

En mis novelas, el lector encontrará una amalgama de géneros: misterio, comedia, terror, fantasía, romance... Creo que la vida misma es una especie de crisol de emociones, y trato de reflejar esa complejidad en mis historias. Mis personajes, como todo ser humano, atraviesan sus propios «viajes del héroe», aunque no me gusta seguir una receta fija. Prefiero que cada viaje sea único, con sus propios giros y sombras, como ocurre en la realidad, donde las rutas hacia la verdad nunca son lineales. Es esa libertad de la narrativa lo que, en mi opinión, da sentido y profundidad a la historia.

 

 

¿En qué género definirías tus novelas?

Me cuesta encasillarme en un solo género porque escribo desde la libertad, no desde la etiqueta. Podría decirse que soy un autor multigénero: la novela que está por salir es una tragicomedia con tintes de romance y aventuras; la anterior se sumergía en un apocalipsis zombi cargado de acción, fantasía y terror; y la que vino antes jugaba con el humor negro y el espionaje. Lo que sí permanece constante es mi fascinación por el misterio: siempre hay enigmas por resolver, piezas que encajan en el tramo final, porque creo que toda buena historia, como la vida, merece su momento de revelación.

Sabemos que el libro No soy un zombi: la masía Colometa tardaste 10 años en escribirlo. ¿Cuándo sientes que una novela está completa?

Decidir cuándo una novela está completa es, para mí, una cuestión de equilibrio entre la arquitectura y la emoción. En el caso de No soy un zombi: La masía Colometa, me llevó una década porque forma parte de una trilogía y necesitaba asegurarme de que cada subtrama tuviera sentido más allá del primer libro. Era como construir una casa sabiendo que vendrán más pisos encima: no puedes permitirte que los cimientos tiemblen. En cambio, mis novelas autoconclusivas me permiten respirar un poco más; en ellas sé que he terminado cuando siento, de forma íntima y honesta, que he dicho todo lo que debía decir. Aun así, como escritor mapa, mi mayor batalla no es la historia en sí, sino el proceso de reescritura y corrección: es allí donde la obra se pule, pero también donde más fácilmente uno se pierde buscando la perfección.

 

 

¿Alguna vez has tenido miedo delante del folio en blanco?

Nunca he sentido miedo ante un folio en blanco. A los dentistas y a los médicos, sí, sin duda. Ellos tienen agujas y bisturís, el folio no. El folio en blanco es una virtud, espera ser escrito.

¿Cuál de las novelas que llevas publicadas te ha costado más terminar?

Sin duda, No soy un zombi: La masía Colometa ha sido la más exigente. No solo por su extensión —que ya es considerable— sino por lo que representa dentro de un proyecto aún mayor. Esta novela es apenas el primer tercio de una trilogía que suma, en total, 300 capítulos. Su complejidad no reside solo en los hechos que narra, sino en las capas narrativas, los personajes que evolucionan a lo largo de varias entregas, y en la necesidad de que todo encaje con precisión milimétrica. Fue como construir una maquinaria de relojería: cada engranaje debía encajar antes de ponerla en marcha.

¿Qué momento de la creación de un libro te cuesta más?

Lo que más me cuesta, sin duda, son las primeras páginas del primer borrador. Cada nueva historia exige su propia atmósfera, su ritmo, su voz… y a mí me gusta que cada novela tenga una identidad distinta, incluso en el tipo de narrador. Encontrar ese punto exacto, esa voz que no suene impostada, puede llevarme meses. En Las sirenas no existen —mi nueva novela—, por ejemplo, tardé casi cuatro meses en dar con el tono perfecto para la protagonista. Escribí versiones fallidas, fragmentos descartados, incluso llevé un diario ficticio de su vida: cada día imaginaba cómo habría sido su jornada y escribía a través de ella, solo para conocerla mejor. Es un periodo frustrante, sí, pero profundamente necesario. Porque cuando esa voz finalmente aparece, el personaje empieza a caminar solo, y entonces ya no soy yo quien lo guía, sino él quien me lleva.

Tu novela Cuando lluevan elefantes es quizás, la más atrevida que has escrito, ¿te costó mucho tomar la decisión de publicarla?
Curiosamente, no me costó publicar Cuando lluevan elefantes, a pesar de haber recibido insultos y amenazas por ello. Fue una novela valiente, sí, pero la verdadera osadía, para mí, fue publicar mi primera obra, Como un cielo sin estrellas. En esos primeros capítulos había partes muy íntimas, muy cercanas a mi experiencia y a mi proceso de aceptación como persona queer. Mostrar eso al mundo fue, sin exagerar, aterrador. Porque cuando uno expone su identidad en la página, no hay personaje que te proteja, ni trama que lo disimule: es tu verdad, desnuda y vulnerable, frente al juicio de los demás. Esa fue, sin duda, la decisión más difícil y valiente que he tomado como escritor.

 

¿Qué le dirías a un lector para convencerle de que leyera tu libro?

Si tengo que convencer a alguien para que lea mi libro, quizá es que no he hecho bien mi trabajo... Siempre he creído que un libro debe hablar por sí solo: una portada cuidada, un título con carácter y una sinopsis que susurre algo irresistible al oído del lector. Lo demás es química. Porque en el fondo, los libros encuentran a sus lectores cuando ambos están preparados para cruzarse. Yo solo pongo mi historia en el mundo con la esperanza de que, en algún rincón, alguien la necesite.

Tus novelas están llenas de guiños al mundo del espectáculo y, en general, a la gente de la generación millenial, como queda reflejado en Como un cielo sin estrellas. ¿Cómo nacen esas ideas para tus novelas?

Soy, sin remedio, un friki entusiasta. Cada vez que termino una película, lo primero que hago es buscar en internet: “título + curiosidades”. Me fascina descubrir los guiños, los detalles ocultos, las capas bajo la superficie. Y eso, inevitablemente, se cuela en mis novelas. Me encantaría que quien termine una de mis historias sintiera esa misma curiosidad y saliera a buscar más. De hecho, en mi página web ya he escondido algunas de esas “curiosidades” para quienes quieran profundizar, aunque —spoiler— no están todas. Creo que los guiños a la cultura millennial, al mundo del espectáculo o a la música pop no son solo referencias: son un lenguaje compartido, un puente afectivo entre el autor y el lector.

¿Cuáles son los escritores o artistas en los que te fijas más para escribir? ¿Qué lecturas crees que te han influido para tus novelas?

Hay muchos autores que me han influido, pero si tengo que señalar uno que ha dejado una huella profunda en mí, sería Stephen King. Me fascina su forma de construir personajes reales, imperfectos, contradictorios… personajes que amas y detestas casi al mismo tiempo, como ocurre con las personas de carne y hueso. Creo que esa humanidad, esa complejidad emocional, es algo que intento capturar también en mis novelas.
En cuanto a artistas, la música ha sido un faro constante. Amaral, con su forma poética y honesta de mirar el mundo, ha marcado muchas de mis historias. Y más recientemente, Guitarricadelafuente ha influido en mi escritura de una manera muy íntima: su manera de abordar ciertos temas, desde la nostalgia hasta la raíz, me ha inspirado especialmente en mi última novela. La literatura y la música, al final, beben de la misma fuente: el deseo de decir lo indecible.

¿Qué libro te habría gustado escribir?

Sinceramente, no hay ningún libro que me hubiera gustado escribir, porque disfruto profundamente tanto leyendo las historias de otros como escribiendo las mías propias. Cada autor tiene una huella única, un estilo que es irrepetible, y yo aprecio esa diferencia. Mis novelas tienen ese sello personal, ya sea en las marcas inventadas que empleo, en los detalles recurrentes o incluso en ciertas palabras que suelo repetir. Eso es algo que me encanta: esa singularidad que no encontraría en otro libro. Al final, lo que me llena como escritor es crear algo que solo yo podría contar, algo que, por supuesto, no está en los libros que leo.

¿Cuándo descubriste que la escritura era a lo que te querías dedicar?

Desde siempre, realmente. La escritura ha estado en mi vida desde que era niño. Recuerdo que de pequeño escribía cuentos y obras de teatro. Incluso, a los 9 años, montamos una obra en el colegio: una historia sobre unos niños perdidos en una isla, con un mapa del tesoro y unos piratas tras ellos. Era una mezcla de aventura y humor, y la interpretamos entre ocho compañeros. Desde ese momento, la escritura fue como una brújula: siempre supe que era hacia allí donde quería ir, hacia el mundo de las historias, donde las palabras se convierten en puertas a nuevos mundos.

¿Cambiarias tu estilo o tu género solo por la moda de ese momento?

Mi próxima novela será un thriller romántico cómico porque, en realidad, quiero explorar todos los géneros. Pero sobre las modas… me da igual. Escribir no es una cuestión de seguir tendencias para mí. Yo escribo lo que siento, lo que tengo la necesidad de contar en ese momento, sin dejarme arrastrar por lo que esté de moda. En mi trabajo como cocinero, hago lo que me mandan, y eso está bien, porque es parte de mi vida. Pero con mis novelas, es distinto. Aquí, soy yo quien marca el ritmo, y no permitiría que una moda dictara mi estilo. Lo que escribo es una extensión de mí mismo, no una respuesta a las exigencias del mercado.

Por último, Naviru, ¿tienes en mente alguna historia más para un futuro?

Muchas, muchísimas historias. En mi cabeza hay al menos diez novelas esperando su turno. Cada vez que termino una, el siguiente proyecto se me presenta como una llamada, y lo elijo siguiendo los impulsos de mi corazón. Es una cuestión de necesidad, de intuición, de saber cuál historia tiene que ser la siguiente que cobre vida.

Muchas gracias por la entrevista, ha sido un placer compartir estas reflexiones.

Naviru Shorno (Barcelona, 1984). Escritor y cocinero residente en Helsinki (Finlandia). Así se describe él: “Nací en Barcelona, de padre andaluz y madre catalana. He crecido en ambos lugares y las fronteras nunca han sido una línea divisoria para mí; es más, desde hace unos años, resido en Finlandia. Siempre me ha gustado leer; de pequeñito, empecé con los cómics de Tintín, y a los nueve años escribí mi primera historia: «Maldad en el paraíso», una obra de teatro que representamos en quinto de EGB en el colegio Doctor Vicente Ferro, Viladecans. Desde entonces, he escrito muchas historias, pero me costó compartirlas porque no creía en mí. Tardé hasta cinco años en sacarme el Bachillerato, y por aquel entonces, pensaba que mi sueño era una empresa imposible que solo las personas con estudios universitarios podían realizar. Estos cimientos, que a priori pensaba que eran inamovibles, empezaron a resquebrajarse al conocer la plataforma de Wattpad. He tardado casi media vida en darme cuenta de que mi pasión es la escritura, y aunque me gano la vida como cocinero, mi sueño es colgar algún día el delantal y escribir a jornada completa”.

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Facebook: Naviru Shorno

Youtube: Naviru Shorno

Web de Naviru Shorno

Gracias Naviru, por tu tiempo, tus reflexiones y por haber accedido a esta entrevista. Te deseamos mucha suerte en tus proyectos, estamos deseando volver a leerte.

¡Hasta el próximo artículo!

Fotos: Web de Naviru Shorno.

Responsable de la newsletter: Esmeralda Toribio.

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